delicatessen.

(Voz inglesa, y esta del al. Delikatessen).

1. f. pl. Alimentos selectos.

2. amb. Tienda donde se venden delicatessen.

viernes, enero 11, 2008

De la ausencia de teología y geometría


Hay libros que perduran en la memoria después de haberlos leído. Y otros que no sólo perduran, sino que hacen que vuelvas a ellos una y otra vez, en afortunados reencuentros por lo general, al descubrir nuevas cosas en cada relectura. Felices redescubrimientos que hacen que muestres un gesto de asombro al darte cuenta de la obra que te ha llegado a las manos. Este es mi particular caso con la novela La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Farsa tragicómica de la sociedad actual, visto por un personaje inolvidable y “sin paragón en la literatura norteamericana contemporánea”, como apunta en la excelente introducción que hace del libro, Walker Percy, el primer editor de esta obra. Sin que la diosa fortuna pareciera inclinarse a su favor al principio, parafraseando al personaje de esta novela, Ignautius Really, ya que su autor nunca conoció la fama que la novela arrojó después de su muerte: Mejor libro extranjero publicado en Francia, Premio Pulitzer y considerado entre los mejores autores norteamericanos de su generación. Esta es la historia de un tipo que no encuentra su lugar en la época que le tocó vivir, redactando manifiestos en contra de la humanidad carente de teología y geometría adecuadas, con una madre abnegada y un amor universitario con la que mantiene una correspondencia truculenta. Ignatius, en su afán de encontrar un lugar en el mundo que habita, busca trabajos inapropiados, esgrime discursos maquiavélicos, intenta formar sindicatos, partidos políticos, vende hot dogs, y en cada ocasión parece no encontrar un sitio, un raro entre personas normales, o una persona normal en un mundo extraño. La novela en su historia cómica resguarda un final que se acerca a la tragedia. Un final nostálgico de una tristeza soslayada después de pasar páginas de aventuras desternillantes. Esta tristeza resulta del final que encontró su autor al terminar de escribir el libro (sólo escribió dos novelas en su corta vida), se suicido en 1969. Una comedia convertida en gran novela. Puede pasar cualquier cosa, menos que al leer La conjura de los necios te aburras. A fin de cuentas, la diosa fortuna giró su rueda a favor de John Kennedy Toole. 

Semblanza y Fragmento.

La conjura de los necios en el mundo

Kennedy Toole en Letralia

miércoles, enero 09, 2008

Dardo y su órgano


El cine de Aki Kaurismaki  captura instantaneas en el viaje que va de Yasujiro Ozu a Robert Bresson . Creador de la última película muda del siglo pasado (Juha 1999), lo que debería ser suficiente para saber a lo que apuesta su cine. El cine de Kaurismaki tiene muchos seguidores en America, Jim Jarmusch es uno de ellos y Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, son otros dos, tan fans como para incluirlo en los créditos finales de WHISKY, su segunda película después de 25 Watts.
Sencilla en su concepción, un engaño ingenuo, punto de partida de esta historia; personajes de gestos contenidos que develan mucho (Kaurismaki) y diálogos parcos (Jarmusch y Kaurismaki de nuevo). WHISKY es lo más cercano a la películas del finlándes y los más lejano a la influencia norteamericana que recae en el cine de centro y sudamerica, donde las dificultades para hacer cine y por ende la poca producción, llevan a los directores a decidir: hacer la película que siempre quisieron, o hacer algo que pueda redituar en taquilla. Los directores de WHISKY decidieron lo primero. La desgracia es que no sabremos qué más pudo realizar la dupla de realizadores, Juan Pablo Rebella se suicido en el 2006 a los 32 años. Muchos directores buscan durante varios filmes lograr lo que Rebella hizo junto a Stoll en WHISKY, decir mucho con  poco, develar las emociones de los personajes con apenas un gesto, una palabra, un plano, así como los pintores muestran emociones con apenas unas pinceladas. La soledad como una condición ineludible es tratada en un contexto que de tan ordinario parece que no ocurriera nada, da la impresión de que leemos un cuento de Raymond Carver.


martes, enero 01, 2008

Refrescando en la Habana


Nada que hacer es el segundo libro de la Trilogía sucia de la Habana, que a su vez forma parte de una serie que habla de Centro Habana; historias que transcurren en esa ciudad donde vive y bebe Pedro Juan Gutiérrez. De quien se ha dicho, injustamente, que es como un “Bukowski Habanero”. Digo injustamente porque este escritor cuenta con una voz auténtica que a manera de crónica le da vida a cada historia de su libro, que lejos de las comparaciones faciles en lo que puede parecerse al insobornable Hank es que escribe en un lenguaje lacónico sobre los lugares, la gente, incluyendo los detalles sórdidos. Pedro Juan Gutiérrez logra que el lector pueda oler y ver a esa gente que quiere, y  veces no quiere. Algo que de entrada lo aleja de Bukowski, quien se ensimismaba en  su condición de paria, como autor y protagonista de sus historias. Bukowski hizo bosquejos memorables de personajes con los que se mezclaba, como secundarios siempre, el centro de todo lo que contaba por lo regular era él: Henry Chinaski enfrentándose a la vida y luchando contra el mundo.
En los libros de Pedro Juan Gutierrez los protagonistas son casi siempre los otros, las mulatas, los negros, las calles de la Habana vieja, el mar, los edificios ruinosos, las jineteras, para que él se sitúe en un segundo plano como espectador. Un espectador experto en lo que observar la vida se refiere. Y si la vida es, como Robertson Davies le hacía decir a un personaje en su novela El quinto en discordia: “Para ti esta vida es un deporte que consiste en mirar” Pedro Juan Gutiérrez es un campeón olímpico en el deporte de observar la vida. Y refrenda su título en cada libro que escribe.
Pocos como “Pedrucho”, para mirar así, y lograr transcribirlo con tanta soltura, desparpajo y belleza.

Web Site de Pedro Juan Gutierrez

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domingo, diciembre 30, 2007

Trampas y videos pornográficos

Diez años después, la banda regresa con algunos cambios. Renton está fuera de la ciudad, Begbie preso y Spud tiene, tuvo, mujer e hijo... y sigue siendo tan yonqui como diez años atrás. Porno (Anagrama 2005) de Irving Welsh es un reencuentro con los personajes de Trainspoting. Algunos aspiran a lo grande sin importar por encima de quien tienen que pasar. Otros tratan simplemente de hacer algo que los mantenga vivos, unos más piensan en vengarse, como Begbie que no ha olvidado ni por un momento al pelirrojo Renton que huyó con el dinero de aquel negocio en Trainspoting.

Irving Welsh se sumerge en el mundo bajo del puerto de Leith, para sacar a flote la miseria y el lado oscuro de sus personajes. Sick Boy convertido en un futuro director porno y Renton en un prospero dueño de una disco, Begbie es tan hijo de puta como antes y Spud, bueno Spud simplemente trata de sobrevivir. La continuación es tan buena como el inicio. La secuela es tan divertida como la antecesora, remueve las aguas sucias donde sus personajes se sumergen. Y te deja, como la anterior, prendido de dos o tres personajes, a los que quisieras que las cosas les salieran mejor. Pero Welsh es implacable en esto, mira a sus personajes a través de una lente y los disecciona mostrando su interior sin ningún tipo de sutileza. Cruda y divertida. Welsh como siempre.

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